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Crónica: Cuando tu niño interior hace la tarea

Nunca se me olvidará una frase que dice Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito”: Todos los mayores han sido primero niños, pero pocos lo recuerdan” y no se me olvidará porque es impresionante la cantidad de personas que conozco que parece que hubieran nacido con canas y deudas en el banco.

Toda la vida crecí escuchando de mis padres que debía pensar en mi futuro, no todo serán juegos y debería prepararme para las responsabilidades que se me venían encima, no es un futuro muy alentador lo que me pronosticaban, pero en ese entonces yo solamente me preocupaba por encontrar la manera de recorrer el mundo en mi bicicleta antes de los 12 años…

A medida que fui creciendo, me di cuenta que los juegos se fueron quedando a un lado, ¿no les pasó? Cada vez más tareas en el colegio, más y más carga, para al final. ¡¿Qué?! Ahora debo elegir una carrera universitaria y siga; ok, la elección no fue tan grave realmente, aunque no me convertí en un ciclista profesional que recorrió el mundo, logre encontrar algo que me daría las responsabilidades de ser un adulto funcional, pero a su vez atormentaría a mis padres por no ser un ingeniero serio y de corbata como siempre quisieron, mejor aún, comencé a estudiar arquitectura.

Números, medidas, materiales y muchas planchas, tan divertido como suena, pero realmente gracias a esto me di cuenta de algo muy importante, estaba dejando atrás toda esa alegría y diversión que me caracterizaba de pequeño. En realidad se cumplía la profecía de mis padres, ya no me divertía tanto como antes, solo pensaba en las tareas, el trabajo y la plata de las fotocopias. Se me fue olvidando quién fui de pequeño y qué era lo que quería; esas conversaciones que tenía conmigo mismo por horas y los juegos que inventaba en segundos para no aburrirme.

En este punto ya decidí tomar cartas en el asunto, esto no podía continuar, de lo contrario me convertiría en lo más cercano a un banquero de los 80´s, Además, porque ¡apenas tenía 21 años! Quizá no sea el más experto en el tema, pero sí tenía al mejor guía para regresar esa diversión a mi vida, ese pequeño que sabía que aún seguía en alguna parte de mí, y comencé a buscar nuevamente de ese niño interior que alguna vez fui.

Lo primero que hice fue pensar en qué era lo que realmente anhelaba ser, no solo esa idea de recorrer el mundo en bicicleta sino cada uno de los sueños que tenía, de hecho, cuando me di cuenta aún habían algunos que podría hacer realidad.

También retomé esas charlas con ese pequeño niño que se escuchaba en alguna parte de mi cabeza, y claramente teníamos dos puntos de vista muy diferentes pero los gustos por los dulces siempre se mantuvieron.

Claramente, ahora no podría jugar como lo hacía antes, pero comencé a buscar algunas actividades que me hicieran divertirme tanto o más, me reía sin preocuparme por los demás y buscaba hacer cada una de las actividades de mi día a día lo más divertidas posible.

Descubrí que podría ser creativo en cada cosa que hiciera, desde la manera en que me secaba al bañarme, hasta cuando escribía un correo electrónico; definitivamente una clave para estar en armonía con mi niño interior era enfocarme en los pequeños detalles de la vida, ahora miraba más detenidamente a mi alrededor, así cada día descubría cosas nuevas en las mismas calles por las que pasaba normalmente, mis días dejaron de ser tan monótonos.

Aunque todo comenzó como una vía de escape a la seriedad y el aburrimiento, logré descubrir que, al reconectarme con mi niño interior, además de darle más alegría a mi vida, logró también hacer parte de mi vida laboral y profesional, estas actividades comenzaron a despertar ciertas habilidades creativas y prácticas que pude aplicar en mi trabajo y en la universidad. ¡Espero que un día tú también lo hagas!

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